-¡Pero si no lleva nada! -gritó, al fin, el pueblo entero.
Aquello inquietó al Emperador, pues barruntaba que el pueblo tenía razón; mas pensó: «Hay que aguantar hasta el fin». Y siguió más altivo que antes; y los ayudas de cámara continuaron sosteniendo la inexistente cola.
Final del cuento El traje nuevo del emperador de Hans Christian Andersen.
Termina el único acto de una obra de teatro presentada en el Centro Cultural Olimpo. Mi compañero y yo hemos coincidido: lo que vemos carece de lo que llamamos arte. Durante la función vemos como ha fallado el director en su abordaje al texto; actores con una pésima presencia escénica o falta de ella; voces fallidas y por las cuales no entendemos el texto y poca preocupación por las acciones de los personajes; la mala escenografía no nos pone en contexto (se nota el afán de economizar). De nuevo somos testigos de una falta de preocupación del grupo de teatro responsable de la producción por presentarnos un trabajo en el que la calidad haya sido la prioridad. Somos muy severos en el análisis. No damos tregua. No perdonamos a la actriz que habla con la lengua arrastrada. Nos reímos del actor que por más que trata de ocultar su homosexualidad simplemente no es posible. La estridencia no nos permite identificar el momento climático de otros. Termina la obra y para nosotros es un momento más de asombro. El público se levanta y ovaciona. Solo pueden ser dos cosas: Mi amigo y yo no sabemos de teatro, y la gente tiene razón, pues somos dos de 100. O la otra el público se conforma con muy poco y es obligadamente amable. Desde luego criticamos al público por su ovación. El grupo de teatro no se merece la ovación.
Acostumbrado a este tipo de presentaciones en todas las manifestaciones del arte, rápidamente olvidaremos la función y sólo lo recordaremos cuando acudamos a otras funciones en las que nuestra expectativa sea la misma: Ver una puesta bien realizada. Sí, es increíble. Cuando esperamos una mejor propuesta, nos aparece una peor.
En las funciones de estreno como la que describo es muy común que después de la función y la euforia inexplicable público-grupo teatral se arma una especie de convivio social y a ella asiste la comunidad teatral, y es muy común encontrarse con las vacas sagradas del teatro, y en esta ocasión fuimos testigos de cómo una vaca sagrada que vio la función felicitó por su magnífica puesta a la otra vaca sagrada que dirigió la obra. En ése momento nace en mí imaginación una escena generada por un deseo tremendo de ir y preguntar a la vaca sagrada: ¿Qué obra de teatro viste? Tú. Que te dices director; ah, y de puestas míticas ¿Por qué no le dices la verdad? Que ésa obra es un mal intento (fin de la escena en mi imaginación). Hace un mes la vaca sagrada que dirigió la obra de hoy felicitó a la otra vaca sagrada por una puesta en escena demasiada pretenciosa, y por primera vez el ambiente teatral coincidía: el director no había hecho su trabajo o si, pero mal. Te aconsejaban que sí padecías insomnio fueras a ver dicha obra, pues de seguro conciliabas el sueño.
Siguiendo con la crónica del estreno: Después de la reverencia de la vaca sagrada, prosigue la reverencia de alumnos, maestros, funcionarios público, y todos coinciden: Felicidades vaca sagrada. Eres lo mejor que le pudo pasar a Yucatán. Nos has revelado el buen arte damos gracias a dios por enviarte para sacar a estos provincianos de su ignorancia.
Hemos entrado a una etapa de cinismo tal. Artistas de todos niveles reciben apoyos económicos para generar y promover el arte, y sabemos que no es obligación que el trabajo resultado de ése apoyo sea revelador. Lo verdaderamente lamentable es que presenten sus obras sin el mínimo de profesionalismo y como mero trámite burocrático para beneficiarse del apoyo. Como resultado hay una mediocridad en todas las artes, Obras mal puestas, galerías con obras que escudándose en corrientes alternativas no son más que lienzo desaprovechado. Funciones de ballet y danza de todo tipo desangeladas donde nada importa. Es usual ver la cara de una bailarina pidiendo a dios que se termine la función. Pésimas iluminaciones. Productos mediocres de artistas que las autoridades culturales nos lo han puesto para guiarnos en el camino de las artes. Eso sí, se regodean en el amor al arte, y no hay duda, pues del lugar del que proceden han dejado pruebas de su inmenso talento, pero parece que al pisar Yucatán el gusto y su visión de la calidad fuera otra, la de la calidad que poseen sus trabajos.
La falta de autocrítica y de críticos en todos los campos del arte que no se dejen avasallar ha hecho mucho daño a la cultura en Yucatán. La crítica en muchos lugares del mundo con mucho movimiento cultural, genera presión, exige calidad, desenmascara rápidamente al impostor, no hay lugar para la mediocridad, todos exigen lo mejor de sí, pues hay alguien que intenta ser mejor que el mejor. En nuestro medio parece haber una indiferencia de parte de los artistas por ser mejor. No hay quien los enfrente entre ellos, con ellos mismos, con el público.
Pretextos tienen muchos para quedar en la mediocridad: La libre forma de hacer las cosas en la modernidad, falta de dinero, falta de espacios. Bajo estos principios el arte en nuestro medio no tiene futuro.
JOSE ERNESTO JIMENEZ
TRABAJO FINAL PARA LA MATERIA
DE ENSAYO IMPARTIDA POR LA
LIC. LETICIA FERNANDEZ.
JUNIO 25 DE 2011.
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